Por fiiin la segunda parte ya está aquí!!!

DEL COMUNISMO PRIMITIVO.

II. LA GÉNESIS DEL SER HUMANO Y LAS MÁS ANTIGUAS INDUSTRIAS DE LA HUMANIDAD: LA HOMINIZACIÓN Y LAS CULTURAS DEL PALEOLÍTICO.

1. El paisaje de los primeros grupos humanos. El Plioceno y el Cuaternario: definición y periodización. El Pleistoceno: cambios climáticos y alteraciones medioambientales.

El Cuaternario es la era geológica en la que nos encontramos. Si la comparamos con la antigüedad de la tierra su duración es corta, algo menos de dos millones de años, pero su importancia es evidente, pues ha sido en ésta era en la que se han producido los hitos más transcendentales en el proceso evolutivo humano. En los últimos años se han realizado diferentes propuestas para definir el Cuaternario a través de distintos criterios como las alteraciones periódicas del clima o la aparición del género “Homo”. En la actualidad sabemos que tanto la aparición de los primeros homos como las primeras manifestaciones glaciares se produjeron ya hacia finales de la era Terciaria, en el Plioceno; por lo cual, estos hechos no nos sirven para fijar el inicio del Cuaternario.

En las últimas décadas se han realizados esfuerzos para consensuar un límite que permita unificar la cartografía geológica a escala internacional. En ese sentido, el Congreso de la Asociación Internacional para el Estudio del Cuaternario (INQUA), celebrado en 1973, se acordó adoptar un límite convencional para lo que se buscó un acontecimiento de validez mundial, en concreto el comienzo de la polaridad positiva en el campo magnético terrestre en el episodio de Olduway, datado hace 1´82 millones de años.

Más recientemente, a mediados de los 80, el INQUA decidió fijar el inicio del Cuaternario hace 1´62 millones de años, basándose en cronologías obtenidas a partir del análisis de foraminíferos, que reflejan con mayor exactitud los cambios climáticos a escala mundial.

En cualquier caso, hay que tener presente que la delimitación del Cuaternario es un puro convencionalismo, adoptado por cuestiones metodológicas en el campo de la Geología, pero que se contradice con el carácter evolutivo que tienen los procesos naturales como los cambios en la flora y la fauna.

El Cuaternario se divide en dos periodos: el Pleistoceno y el Holoceno, que no son equivalentes desde el punto de vista cronológico, pues el Pleistoceno comprende desde el inicio del Cuaternario hasta el final de la última glaciación, mientras que el Holoceno tan sólo engloba los últimos 10.000 años. Aunque el glaciarismo no es un fenómeno exclusivo de esta era, se sigue empleando la alternancia de periodos glaciares con otros interglaciares para realizar la periodización de esta era, al menos en Europa.

El Pleistoceno se divide en tres etapas:

-Inferior: desde hace 1.620.000 hasta hace 730.000 años, es decir, desde el inicio del Cuaternario hasta el interglaciar Gunz-Mindel.

-Medio: desde hace 730.000 hasta hace 127.000 años, es decir, desde el interglaciar Gunz-Mindel al interglaciar Riss-Würm.

-Superior: desde hace 127.000 hasta hace 12.000 años, es decir, desde el interglaciar Riss-Würm hasta el inicio del Holoceno.

El glaciarismo cuaternario se manifiesta en la aparición de extensas superficies de hielo, denominadas inlandsis, que cubren de forma continua buena parte de la superficie de los continentes. Este fenómeno se conoce relativamente bien en Europa y Norteamérica, y se considera que estas oscilaciones climáticas se corresponden en África con la alternancia de periodos pluviales e interpluviales.

A principios de siglo, Penck y Bruckner identificaron en los Alpes, en el curso alto del Danubio, la existencia de niveles de aluviones dejados por las aguas en, al menos, cuatro grandes glaciaciones, a las que se le dieron los nombres de los valles en que fueron estudiadas (Gunz, Mindel, Riss y Würm). Hacia 1930, se definió una glaciación anterior, llamada Donau, y más tarde se descubrió otra más antigua, llamada Biber.

Las glaciaciones están separadas por periodos más cálidos, denominados interglaciares, y dentro de cada glaciación se distinguen momentos muy fríos, llamados estadios, separados por fases de un frío menos intenso, llamados interestadios.

Como las glaciaciones no han sido una manifestación climática común a todo el planeta, en la actualidad, para estudiar los cambios climáticos del Cuaternario, se tiende a utilizar las curvas marinas de paleotemperaturas que se obtienen investigando los depósitos sedimentarios acumulados en los fosos oceánicos que reflejan de forma más fiable los cambios globales de temperatura. La escala más utilizada es la establecida a partir del oxígeno encontrado en los caparazones de los foraminíferos acumulados en los fondos marinos. Los foraminíferos son microorganismos unicelulares con caparazón calcáreo. Cuando mueren, sus caparazones se depositan en el fondo marino. Podemos comprobar en la sucesión de estos microorganismos los cambios en la temperatura del agua, ya que el oxígeno tiene dos isótopos (O16 y O18), cuya proporción en el agua varía con los cambios de temperatura general del planeta, y que captan estos isótopos, por lo que estos cambios pueden seguirse analizando los caparazones. Cuando en la muestra de sedimento marino la proporción de O16 es baja, corresponde a un clima frío y si es alta, a uno cálido. De este modo se ha podido elaborar una curva de temperaturas muy precisa que distingue fases cálidas y frías desde el 1 hacia atrás. Las fases impares son momentos cálidos y las pares, fríos.

El Pleistoceno: cambios climáticos y alteraciones medioambientales.

Una de las cuestiones más interesantes a la hora de abordar el estudio de los cambios climáticos del Pleistoceno es determinar sus posibles causas. Los intentos por dar una explicación causal razonable son diversos y entre ellos destacan las teorías de Milankovic, basadas en el estudio de las fluctuaciones (cambios) naturales de la órbita terrestre alrededor del sol. Milankovic, tras estudiar durante décadas el movimiento de la Tierra alrededor del Sol, observó leves cambios que interrelacionados pueden explicar las modificaciones en la cantidad de radiación solar que recibe nuestro planeta. Estos cambios son:

-Precesión de los equinoccios. La posición de los equinoccios y los solsticios cambia ligeramente cada año. Actualmente, el invierno en el hemisferio norte empieza cuando el Sol está más cerca de la Tierra, por lo cual, los inviernos no son muy fríos. Pero dentro de unos 11.000 años, el invierno se producirá cuando el Sol esté en su punto más alejado, por lo que el frío será más intenso.

-Cambio de inclinación del eje de rotación de la Tierra respecto al plano de la órbita. En la actualidad, esa inclinación genera un ángulo de 23´5º, pero fluctúa entre 21º y 24´5º cada 41.000 años.

-Cambios en la forma de la órbita. Es un proceso más lento que se produce entre cada 100.000 y 400.000 años, en el que la órbita terrestre cambia de una forma redonda a otra más alargada.

Los cambios climáticos producidos a lo largo del Pleistoceno modificaron los paisajes vegetales de amplias zonas, lo cual, conllevaba cambios en la fauna que se trasladaba buscando ambientes más propicios. Durante el Pleistoceno, existieron los mismos ecosistemas que hay en la actualidad, pero con una distribución geográfica diferente. Las especies vegetales serían muy similares a las actuales, pero la fauna se modificó considerablemente a lo largo del Pleistoceno, desapareciendo algunas especies y modificándose otras, bien por los cambios ecológicos o por la acción humana. Los ecosistemas fundamentales de la Eurasia pleistocénica serían tres: la tundra, los bosques y las estepas.

- La Tundra es un paisaje vegetal abierto, caracterizado por un tapiz vegetal bajo, escaso y discontinuo, compuesto de musgos y líquenes adaptados a un clima muy riguroso en el que el suelo aparece cubierto de nieve la mayor parte del año y en ocasiones permanece helado (permafrost). La fauna adaptada a este ambiente estaría formada por herbívoros como el mamut, el rinoceronte lanudo, el reno, el buey almizclero y el antílope saiga y carnívoros como el zorro ártico y el glotón.

- En los Bosques podemos diferenciar la taiga y el bosque templado. La taiga pertenece a un clima duro, con el suelo cubierto estacionalmente de nieve. En la flora es característica la conífera. La fauna está representada por el ciervo, el reno, el alce, el oso, el uro, el lobo y el lince. Los bosques templados se caracterizan por árboles de hoja caduca y animales como el caballo, el oso pardo, el ciervo, el hipopótamo, el rinoceronte merki, el bisonte y el lince.

-En las Estepas diferenciamos dos tipos: la estepa de loess, con vegetación herbácea, un clima riguroso durante todo el año y con una fauna adaptada al frío como el reno, el rinoceronte lanudo, el mamut, el zorro ártico y el buey almizclero. La estepa continental tiene árboles de hoja caduca, alternando con matorrales, hojas y pastos y una fauna propia de las zonas limítrofes y de la estepa de loess.

Los cambios en la distribución de estos ecosistemas en el Pleistoceno están vinculados a las sucesivas alteraciones climáticas que dan lugar a las glaciaciones.

El Pleistoceno inferior se inicia con un clima cálido y húmedo característico de la intreglaciación Donau-Gunz. Pero hace 1´2 millones de años, el clima empeora con el inicio de la glaciación Gunz, que afectó a toda Europa salvo las zonas más meridionales. La flora termófila (adaptada al calor) se refugia en las regiones más protegidas del frío. En la fauna destaca la pervivencia de especies pliocenas como el mastodonte y el megateron, junto a los que aparecen nuevas especies como verdaderos elephas, équidos o el rinoceronte de Merck.

El Pleistoceno medio se inicia con el recalentamiento del interglaciar Gunz-Mindel, lo que permite la reinstalación de bosques desparecidos durante la glaciación. Pero el enfriamiento producido por la glaciación Mindel a partir de hace 650.000 años, provoca la desaparición de especies animales pliocenas, que son reemplazadas por otras como renos, uros, linces, panteras, glotones y zorros árticos. El cambio faunístico que se produce en esta etapa es el más importante de todo el Cuaternario. Hace 300.000 años se produce una nueva elevación de la temperatura con el interglaciar Mindel-Riss, que favorece la extensión de los bosques. Con el inicio de la glaciación de Riss hace 250.000 años, se conocen periodos más fríos aún que en la de Mindel, por lo que los ecosistemas predominantes serán la tundra y la estepa loéssica.

El Pleistoceno superior se inicia con una etapa de recalentamiento, hace unos 127.000 años, correspondiente al interglaciar Riss-Würm, que favorece el crecimiento de vegetación arbórea y la expansión de la pantera, el gamo, elephas antiqus, rinoceronte Merck, etc. Con el inicio de la glaciación Würm (hace 90.000 años) el clima empeora notablemente, los bosques dejan paso a las estepas y empieza a predominar una fauna adaptada al frío como el mamut, el reno, el rinoceronte lanudo... que se mantiene hasta el Holoceno.

2. Los ancestros del ser humano. El proceso de hominización y la filogenia humana. Primeros homínidos, australopitecos, parántropos y homos. Las culturas del Paleolítico Inferior.

El origen del hombre se ha enmarcado en un proceso evolutivo muy amplio, en el que hay que tener presente el lugar que ocupa nuestra especie dentro del reino animal.

El hombre pertenece al orden de los primates, que aparecieron en la Tierra hace unos 70 millones de años, siendo el representante conocido más antiguo de este orden el denominado Purgatorius, una criatura de unos 7 cm de longitud que vivió en los bosques de Montana a finales del Cretácico.

Actualmente, la mayoría de los científicos coinciden en dividir el orden de los primates en tres subórdenes: tarsioideos, prosimios y antropoides o simios. Estos últimos aparecieron hace unos 40 millones de años y se caracterizan por un aumento del tamaño y el avance de las órbitas oculares al frente de la cara; lo que conllevó una mejora en la visión. Los simios o antropoides se dividen a su vez en dos infraórdenes: platirrinos (monos del nuevo mundo) y catirrinos (monos del viejo mundo). Los platirrinos tienen la nariz achatada, orificios nasales, tres premolares y el tabique internasal ancho. Los catirrinos tienen orificios nasales hacia abajo, tabique internasal delgado, dos premolares y no siempre tienen cola.

Los catirrinos, hace ya 30 millones de años presentaban una estructura dental con 32 dientes en la misma disposición aunque con diferentes características. Los catirrinos se dividen en dos familias: cercopitécidos y hominoideos. Éstos últimos se dividen a su vez en hilobátidos, póngidos, pánidos y homínidos.

Dentro de los Hominoideos, lo más importante es concretar la relación existente entre pánidos y homínidos delimitando el momento de separación de sus líneas evolutivas.

Para autores como Simons y Pilbeam, hay que partir de los fósiles del Dryopithecus, que aparece en las selvas de África Oriental hace 15 millones de años, ya que se le considera un antepasado común de los pánidos y homínidos; aunque otros autores consideran que el Dryopithecus representa una línea paralela a la de los póngidos, pánidos y homínidos. El esqueleto más completo que se conoce se descubrió entre 1991-92, cerca de Sabadell, por un equipo dirigido por Salvador Moyá. El Dryopithecus vivió hace entre 9 y 10 millones de años, medía una altura de 1 a 1´10 metros y pesaba unos 35 kilogramos. Se sabe que se alimentaba de frutas y presentaba en su esqueleto los cambios necesarios para caminar erguido, aunque se desplazaba a cuatro patas.

Hace unos 10 millones de años, aparecen una nueva serie de especies de póngidos y pánidos que amplían y complican el panorama de la dudosa filogenia humana.

-Gigantopithecus: El primer resto fósil de esta especie fue hallado por Van Koenisradd en una farmacia china, donde se vendían sus dientes, a los que se les atribuía propiedades terapéuticas. Era de grandes dimensiones, tenía mandíbulas poderosas y estaba adaptado a la vida en espacios abiertos.

-Oreopithecus: Podría alcanzar 1´20 m de altura y poseía unos 400 centímetros cúbicos de capacidad craneal. Su dentadura presenta características similares a la del hombre. Autores como Vallois opinan que pertenecerían a la familia de los homínidos; otros como Leakey lo incluyen entre los póngidos. Salvador Moyá ha demostrado que se trata del primate bípedo más antiguo que se conoce y que la estructura de su mano era similar a la del ser humano. Quedó aislado en una isla del Mediterráneo que se separó del continente hace 9 millones de años, y allí, sin la amenaza de depredadores, descendió de los árboles y comenzó a caminar sobre dos piernas. Pero hace 6 millones de años, el nivel del Mediterráneo bajó y la isla volvió a quedar unida al continente, donde penetraron los depredadores, que llevaron a cabo su extinción. Por lo tanto, constituyó una línea evolutiva endémica que se extinguió sin descendencia.

-Ramapithecus: El primer resto se descubrió en 1934 en la India. Estaba adaptado a ambientes de sabana. Los restos conservados son numerosos pero muy fragmentarios. Ocupa una posición dudosa ente póngidos y homínidos. Para Leakey su cara corta, la mandíbula poco desarrollada en altura y el espesor del esmalte dental le situarían entre los homínidos; en cambio, otros autores, basándose en el arco dental, el paladar y la forma de los dientes lo incluyen entre los póngidos.

Estos representantes de los póngidos o de los homínidos fósiles desaparecieron hace 6 o 7 millones de años y los primeros homínidos claramente definidos aparecieron hace 4´5 millones de años, fecha que podría elevarse a 6 millones de años si se acepta la inclusión entre los homínidos del Orrorin Tugenensis o incluso se puede llevar a los 7 millones de años en el caso del Sahelanthropus Tchadensis, más conocido como Toumai. Como ha demostrado la biología molecular, este lapso temporal es fundamental para alcanzar una visión correcta del origen del hombre, y para ello habrá que contar con nuevos hallazgos que representen los “eslabones perdidos” de la evolución humana, que según Le Gross Clark, se caracteriza por el crecimiento de la capacidad craneal, pérdida de la cresta sagital, desaparición de los arcos supraorbitales, cambio de la dentición (de 36 a 32 dientes), cambio en la forma del paladar, disminución del ángulo facial (prognatismo), el incremento en la altura, posición erecta que supone un cambio en la morfología de los pies, la pelvis, las vértebras y la posición del orificio occipital.

Primeros homínidos, australopitecos, parántropos y homos.

Los fósiles de los primeros homínidos se han hallado fundamentalmente en África Oriental, en yacimientos situados a lo largo del Rift Valley; una enorme fractura de la corteza terrestre que se extiende desde Mozambique al mar Muerto. La formación de esta fractura, aún en expansión, fue acompañada de fenómenos volcánicos que ocasionaron la configuración de estratos de cenizas y lavas que hoy pueden ser fechados con bastante precisión gracias a métodos de datación como el potasio-argón y el paleomagnetismo.

Los chimpancés son los hominoideos más parecidos a nosotros. De hecho, compartimos el 98% del material genético. Según los estudios de los biólogos moleculares, nuestra línea evolutiva se separó de los chimpancés hace 6 o 7 millones de años. Esta fecha se ha obtenido a partir de los denominados “relojes moleculares”, cuyo fundamento consiste en que la diferencia genética entre dos especies está en función del tiempo transcurrido desde que se produjo la separación entre sus líneas evolutivas. La biología molecular ha calculado el ritmo de cambio de los genes neutros que mutan a un ritmo constante (tasa de mutación) y a partir de aquí han establecido la fecha de datación que coincide con el cambio climático que provocó la destrucción de las grandes selvas del Mioceno y el desarrollo de extensas superficies de sabanas en África. Este cambio medioambiental conllevó la extinción de algunas especies y permitió la aparición de otras, entre las que probablemente se encontraba en primer representante de los homínidos. Por lo tanto, el periodo 5-7 millones de años es vital para conocer nuestro origen y es ahí donde debe concentrarse la búsqueda del eslabón perdido, la cual genera numerosos debates y controversias, incluso fraudes como el cráneo de Piltdown, que durante más de cuarenta años fue considerado el eslabón entre chimpancés y hombres, hasta que en 1953 se descubrió que era un engaño fruto de la manipulación y unión de un cráneo humano de 50.000 años antes de Cristo y una mandíbula de orangután fallecido unos siglos antes.

Hasta hace pocos años, los fósiles más antiguos de homínidos conocidos correspondían al Ardipithecus ramidus, descubierto por el equipo de Tim White entre 1994 y 97 en la región etíope de Afar. Se trata de un centenar de fragmentos fósiles de una forma muy primitiva de homínidos con una cronología de unos 4´4 millones de años, que habitaría en la selva húmeda y se alimentaría de un modo similar a como lo hacen los chimpancés actualmente. Mediría un metro y pesaría unos 30 kg. Presenta una disminución de los caninos y a partir de algunos restos de la base del cráneo se ha sugerido que presentaría una forma primitiva de bipedismo. Tim White considera poseía una locomoción diferente a la de cualquier ser vivo actual, y con sentido del humor propone que tal vez se moviera “como algún ser del bar de La Guerra de las Galaxias”. Según White, se trataba del eslabón que ya no está perdido, aunque actualmente se tiende a pensar que representaría una rama lateral en el árbol genealógico humano.

En diciembre del año 2000, Brigitte Senut y Martin Pickford anunciaron el hallazgo de un homínido muy antiguo cerca del lago Baringo, en Kenya, que recibió la llamativa denominación de Ancestro del Milenio, si bien su denominación científica es la de Orrorin tugenensis. Parece haber sido un bípedo de cabeza primitiva con dientes frontales simiescos y grandes molares cubiertos de grueso esmalte (como los homínidos posteriores). Lo más sorprendente de este hallazgo es su datación en 6 millones de años, lo cual lo incluye en el intervalo temporal en el que se produjo la separación entre los chimpancés y homínidos.

En julio del año 2002, el equipo dirigido por Michael Brunet dio a conocer un cráneo de unos 50 cc con una antigüedad entre 6 y 7 millones de años, de características similares a las de un chimpancé pero con una cara que presenta los rasgos humanos, como la cara corta y los dientes más pequeños. Estos restos descubiertos en el norte de Chad fueron bautizados como Toumai, aunque la denominación científica es la de Sahelanthropus tchadiensis. Aunque no se han hallado huesos de las piernas, la posición de la inserción de la espina dorsal en el cráneo indica que podría ser bípedo. Toumai habría vivido alrededor de una zona lacustre, en un entorno de sabana, pero próximo a un área desértica. El primer homínido del que se tiene casi total certeza de su bipedismo es el Australopithecus anamensis, que vivió hace entre 4´2 y 4´9 millones de años. Sus restos fueron dados a conocer en 1995 por el equipo que dirige Meave Leakey. Presentan una morfología muy primitiva, de hecho, la mandíbula recuerda a del Ramapithecus, pero sus molares tienen una capa de esmalte gruesa parecida a la del género Homo. Este cambio dental sugiere una modificación en la dieta y en el hábitat, posiblemente hacia una sabana arbolada. Entre los restos recuperados destaca una tibia que constituye la prueba primigenia de su bipedismo.

El registro paleoantropológico, sobre todo a partir de los hallazgos producidos en los últimos años, se torna más complejo en el período de hace unos 3´5 millones de años. Parece que tras el anamensis, la siguiente especie en aparecer en África, dentro del género Australopithecus es el Australopithecus afarensis, definido a partir de los trabajos desarrollados por Johanson en Etiopía en los años 60, cuando se produjo el descubrimiento del famoso esqueleto que recibió el nombre de Lucy. Los Australopithecus afarensis cuya apariencia sería la de un chimpancé erguido, vivieron en África Oriental desde hace 3´8 hasta hace 2´8 millones de años. Eran bípedos, con una estatura que oscilaba entre 1´05 y 1´35 m, una capacidad craneal de 400 cc y una alimentación de base vegetal con cierta tendencia omnívora. Presentaban un fuerte dimorfismo sexual. La relación entre las extremidades superiores e inferiores sería similar a la existente en el hombre actual. Caminaría con las piernas algo encorvadas y los huesos de los pies, ligeramente curvados, sugieren que aún pasarían cierto tiempo en los árboles. El bipedismo de los afarensis se ratificó tras el hallazgo de Mary Leakey de huellas fosilizadas en Laetoli (Tanzania), con una antigüedad de 3´5 millones de años, que demostraban que se trataba de un modo de caminar muy similar al nuestro. Durante algunos años se le consideró como un antepasado directo del linaje humano, pero en la actualidad esta filiación es considerada dudosa por muchos investigadores, incluso algunos proponen que podría pertenecer a una rama paralela que daría lugar a los Parantropos.

Hasta hace poco, se consideraba que la especie Australopithecus africanus no tenía una antigüedad superior a los 3 millones de años, pero los hallazgos producidos en la cueva de Sterkfontein, en Sudáfrica, desde 1997, permiten elevar su datación hasta hace 3´5 millones de años. La definición de esta especie se produjo tras el descubrimiento del famoso niño de Taung por Dart. Ésta contaba con la dificultad de definir a una especie a partir de un fósil perteneciente a una criatura infantil. Pero tras muchos años de investigaciones se ha completado su descripción. El cráneo se asemeja más al de los humanos que al de los afarensis, pero posee un cuerpo primitivo caracterizado, según Berger, por poseer brazos largos y piernas cortas. El hallazgo a finales de los años 90 en Sterkfontein de un esqueleto casi completo de esta especie permite asegurar que medirían 1´20 m. Investigadores como Coppens opinan que los africanus derivan de los afarensis cuando éstos se desplazaron desde África oriental hasta África meridional hace 3´5 millones de años, produciéndose una evolución paralela de los australopithecus en las dos zonas. Las últimas dataciones dadas a los africanus parecen descartar esta teoría y hacen pensar que sería más lógico que ambos derivaran de un antepasado común, como el anamensis. En el norte de África se ha documentado otro australopithecus que ha sido datado entre 3´5 y 3 millones de años. Se trata del bahrelghazali, definido a través de los restos encontrados por el equipo de Michael Brunet en Chad. Parece ser que constituye una variación del afarensis, aunque tan sólo se conoce una parte del cráneo. Pero lo más interesante es que sus restos sugieren una temprana expansión de los australopithecus hacia el sur y oeste, dando lugar a variaciones regionales.

El panorama en el registro fósil de hace 3´5 millones de años se complica tras el descubrimiento de Meave y Louise Leakey en marzo de 2001. Según estas investigadoras, los fósiles que han recuperado en Kenya desde 1998 pertenecen a una nueva especie denominada Kenyanthopus platyops, que vivió hace 3´6 millones de años y que presenta unos rasgos que no aparecen en ninguna otra especie conocida. Consideran a este espécimen como crucial en la evolución humana, insinuando que podría desplazar a los australopithecus de su posición privilegiada. Su aceptación no es unánime, sobre todo, al considerar muchos investigadores que su definición está basada en restos mal conservados y en un cráneo muy destrozado.

Hace unos 2´8 millones de años se inicia un cambio climático a escala mundial que en el continente africano se manifiesta en la expansión de las praderas a expensas de zonas más arboladas. Muchos investigadores estiman que este cambio ecológico debe ser puesto en relación con la desaparición de especies como el Australopithecus afarensis y la aparición de otras mejor adaptadas a zonas menos arboladas como los Paranthropus y Homos, que se originaron en la misma época y que llegaron a convivir cerca de 1´5 millones de años. Los homínidos ofrecieron dos respuestas diferentes ante este cambio medioambiental. Por un lado se produjo una especialización protagonizada por los Parantropos, que se acomodaron a una clase de alimentación de las superficies herbáceas y por otro lado se dio una respuesta generalista por parte de los Homos, que residieron y se alimentaron en cualquier área propicia a la supervivencia.

El término Parantropo fue acuñado en 1938 por Robert Broom para designar a una serie de restos encontrados en el yacimiento sudafricano de Kromdraai. Los Parántropos superan en talla y en masa corporal a los Australopithecus, y su apariencia es muy diferente. Los Parántropos desarrollaron un importante aparato masticador con grandes muelas para procesar alimentos vegetales energéticos y duros que necesitaban ser preparados en la boca antes de ser digeridos. La mandíbula y los huesos de la cara experimentaron una expansión muy marcada que culminó con la aparición de la cresta sagital ante el aumento del tamaño de los músculos temporales, básicos en el proceso de masticación. Actualmente, se acepta la existencia de tres especies dentro del género Paranthropus:

-Paranthropus aethiopicus; que habitó en la zona de África oriental y que apareció hace unos 2´7 millones de años, mostrando un estado evolutivo intermedio entre el Australopithecus afarensis y el Paranthropus boisei.

-Paranthropus boisei; que aparecería hace 2´3 millones de años, coincidiendo con la desaparición del aethiopicus. El ejemplar más conocido es el primero que se descubrió, cuando en 1959 Louise y Mary Leakey hallaron unos llamativos fósiles en Olduvay que recogieron bajo la denominación Zinjanthropus boisei. Los restos más modernos de esta especie tienen una antigüedad de hace 1 millón de años.

-Parantrhopus robustus; que fue el primero definido a partir de los hallazgos de Broom. Éste derivaba probablemente del Australopithecus africanus. Se desarrolló hace 2 o 1 millones de años.

El género Homo apareció hace 2´5 millones de años en el área del Rift Valley, en África oriental y meridional. Durante muchos años, los primeros fósiles de Homo fueron catalogados como Homo habilis a partir de los restos hallados en Olduvay por Louise y Mary Leakey, estimándose que su antigüedad no se podía remontar más allá de 2 millones de años pero las últimas investigaciones modifican esta teoría. A lo largo de los años 90 se han dado a conocer diversos fósiles de homos con una antigüedad de 2´5 y 2´3 millones de años; concretamente una mandíbula de Malawi, un cráneo del lago Baringo y un maxilar superior de Hadar. Éste último apareció junto a unos útiles líticos que representaban el caso más antiguo de asociación de industria lítica y restos de homo. Recientemente, sobre todo a partir de los estudios de Bernard Wood, se ha planteado la posibilidad de la existencia de un homo contemporáneo al habilis. Se trata del Homo rudolfensis, definido a partir de los restos encontrados cerca del lago Turkana en Kenya. Esta especie poseía una cara ancha y larga con arcos superciliares (encima de las cejas) menos prominentes que los del habilis. Poseían un buen aparato masticador y una cavidad craneal más grande y redondeada. La especie rudolfensis no está bien aceptada como tal, y algunos opinan que podría seguir estando incluida ente los habilis explicando las diferencias anatómicas a través del dimorfismo sexual.

Recientemente, a partir de la definición del Kenyantrhopus platyops, Meave Leakey ha sugerido la posibilidad de que el Homo rudolfensis se tratase en realidad de un Kenyanthropus rudolfensis, descendiente del platyops. Por otro lado, todavía se discute si el Homo habilis debe ser clasificado en el género Homo o si realmente constituía un tipo avanzado de los Australopithecus. El último aspecto replanteado en torno a los Homo más primitivos ha sido su, hasta ahora, indudable relación con la fabricación de los primeros útiles, hasta el punto de hacer empleado la capacidad de crear herramientas como criterio para caracterizar a nuestro género.

A principios de 1999, Tim White dio a conocer una nueva especie: el Australopithecus garhi, que habría vivido en el territorio correspondiente a la actual Etiopía, hace 2´5 millones de años. En el dialecto de los afar, garhi significa “sorpresa” y su hallazgo resultó sorprendente al haberse encontrado junto a herramientas de piedra. Este descubrimiento obliga a replantearse ciertas ideas que se creían ya establecidas. Por un lado supone la definición de una nueva especie de Australopithecus, que puede sustituir al afarensis o al africanus como candidato al ancestro del género humano. Por otro lado exige revisar el principio que atribuía la fabricación de útiles únicamente al género Homo. En ese sentido se puede optar por dos posibilidades:

-Que los Australopithecus ya fabricaran herramientas de piedra, hecho que estaría ratificado si finalmente se demostrase que el habilis perteneciera a los Australopithecus.

-Que los útiles hallados junto al Australopithecus garhi no hubieran sido fabricados por él, sino por algún representante del género Homo cuya existencia en ésa época haya sido demostrada.

Fuesen Homos o Australopithecus los responsables, lo cierto es que hace 2´5 millones de años empezó a desarrollarse la primera industria lítica reconocida, denominada de los “cantos trabajados”, también llamada Olduvayense o Modo 1. Está caracterizada por su simplicidad técnica y por la escasa variedad de útiles entre los que destacan los Chopper y los Chopping-tool (herramientas para cortar). A pesar de su aspecto tosco, estos útiles revelan el dominio de una técnica que requiere una notable capacidad mental y de coordinación. La fabricación de estas rudimentarias herramientas coincide con alguna reducción de algunas piezas dentales y permitió el acceso a las ricas proteínas animales que se encontraban bajo gruesas capas piel o en el tétano de los huesos. Este acceso a la dieta animal se llevaría a cabo más como simples carroñeros que como cazadores.

Entre hace 3 y 1´5 millones de años se produce una proliferación de homínidos. La razón de esta diversificación puede encontrarse en un fenómeno común al resto de los seres vivos del planeta y que se conoce como radiación adaptativa: cuando los mecanismos evolutivos dan lugar a un tipo nuevo de organismo capaz de explotar los recursos del medio de forma diferente, la selección natural favorece su diversificación. Los homínidos representaban una nueva forma de ser primate, capaz de abandonar el bosque tropical y consumir los productos vegetales que ofrecía la sabana, que como consecuencia de un cambio climático global, iba ganándole cada vez más terreno a la selva. La proliferación de especies de homínidos concluyó hace 1´8 millones de años, momento en el que se produce la aparición del Homo ergaster, que supone un sorprendente salto evolutivo y cuyos restos más antiguos proceden del yacimiento de Koobi Fora, aunque el ejemplo más conocido es el llamado “muchacho de Turkana”. Éste fue descubierto en 1984 por Allan Walker y Richard Leakey. Se trata del primer tipo de Homo que guarda un parecido consistente con nosotros, por lo cual, los científicos coinciden en considerarle nuestro directo antepasado.

No existe unanimidad sobre el pasado directo del ergaster, ni siquiera de su propia definición, pues hay quien le considera un tipo de Homo erectus. Pero es evidente que ofrece una imagen muy distinta a la de los Australopithecus; su cara, su tórax, su estatura, etc. están más cerca de los hombres actuales y además alcanzó un desarrollo tecnológico que le hizo adoptar un comportamiento flexible y adaptado a cualquier circunstancia. La capacidad craneal del ergaster oscila entre los 900 y los 1300 cc y su altura ente 1´50 y 1´80, lo que les otorgaba una gran superficie de sudoración, que constituía una ventaja en los trópicos. El cráneo es achatado y prolongado hacia atrás, la frente estrecha y huidiza, la mandíbula robusta, la nariz destaca del perfil de la cara y se reducen los molares. Con respecto al ergaster, el erectus presenta un neurocráneo más robusto (es decir, las paredes del cráneo más robustas) y un toro supraorbital recto y muy desarrollado. El ergaster fue el protagonista de la primera salida de África. Tradicionalmente se creía que la salida de los Homos del continente africano no podía remontarse a más de 1´2 millones de años. Pero en 1999, un equipo de arqueólogos alemanes y georgianos dio a conocer el descubrimiento en Dmanisi de dos cráneos casi completos con una capacidad craneal de 600 cm y una cronología de entre 1´7 y 1´5 millones de años, que correspondería al ergaster, aunque sus descubridores prefieren emplear la nominación de Homo georgicus.

Este hallazgo se correspondía con un descubrimiento en Obeidiya, cerca del mar de Galilea, que ha ofrecido una fecha de 1´4 millones de años. Se barajan distintas teorías para conocer que motivó a los Homo ergaster a abandonar África, pero son dos las que destacan:

-Teoría climática: algunos investigadores ponen en relación esta salida con el cambio climático que según Peter De Menocal sufrió África hace 1´8 millones de años, que habría obligado a explotar nuevos territorios en busca de mejores condiciones de vida.

-Teoría tecnológica: para autores como Eudald Carbonell, la primera salida de los Homos de África estaría condicionada por la aparición de una nueva tecnología lítica: el Achelense, hace 1´5 millones de años. Los poseedores de este nuevo avance técnico irían desplazando a los que no lo poseían hasta obligarlos a emigrar fuera de África, con su tecnología más arcaica. De hecho, el Achelense no aparecerá en Europa y Asia hasta hace 1 millón de años. En relación con esta teoría debemos tener presente que resulta significativo que según los hallazgos de Dmansi, los primeros humanos que salían de África tenían un cerebro muy pequeño y aparecieron asociados a industrias primitivas.

En África, Asia y Europa se han encontrado numerosos restos que tradicionalmente eran atribuidos de forma genérica al Homo erectus, pero en muchos casos presentan diferencias anatómicas que eran explicadas por adaptaciones geográficas o modificaciones en el tiempo, pues en este complejo erectus se incluían fósiles desde hace 1´9 millones de años hasta hace 300.000 años.

Actualmente se piensa que en realidad se trata de especies diferentes: Homo ergaster, Homo erectus, Homo antecessor y Homo heidelbergensis.

El pionero ergaster saldría de África llegando hasta las puertas de Europa y desplazándose hacia Asia donde daría lugar al erectus. El primer hallazgo atribuido al erectus se produjo en la isla de Java, en 1982, por Dubois, que lo llamó Pitecanthopus erectus. A comienzos del siglo XX se descubrieron otros fósiles en el yacimiento de Chu-Ku-Tien, con una cronología compleja y posibles muestras de dominio del fuego que hoy en día son puestas en entredicho. Los trabajos llevados a cabo en los últimos años en importantes yacimientos asiáticos han llevado a sus responsables a defender la presencia del erectus en esta zona desde época muy temprana. Así, en Longgupo, se han hallado unos dientes atribuidos a erectus, fechados en 1´8 millones de años y en la zona de Sangirán, en la isla de Java, se han datado estratos de sedimentos que contienen fósiles humanos con una fecha de 1´6 millones de años. Estas dataciones deben ser tomadas con precaución al no existir absoluta seguridad de que las muestras utilizadas para la datación corresponden a los mismos niveles en que aparecieron los fósiles humanos.

Hace 1´3 millones de años se produjo una nueva salida de Homos de África, en esta ocasión protagonizada por el Homo antecessor, que en este caso se dirigiría a Europa. El occidente europeo cuenta con restos significativos de actividad humana de más de 1 millón de años. En Monte Poggiolo apareció, a principio de los años 90, un conjunto de útiles líticos de algo más de 1 millón de años. En la sierra de Atapuerca, en el yacimiento de la Sima del Elefante, hay muestras de actividad humana de similar antigüedad, concretamente en el verano de 2003 se hallaron cinco lascas de 1´3 millones de años. Con algo menos de 1 millón de años hay otros yacimientos en Europa occidental, como Le Vallenet, en la Costa Azul francesa, Fuente Nueva Tres en Granada y la Gran Dolina de Atapuerca, donde se han documentado fósiles del Homo antecessor.

El Homo antecessor tendría una estatura y complexión similar a la humana, con una capacidad craneal en torno a los 1000 cc , con una cara moderna sin arcos superciliares muy marcados y sin mentón. Según el equipo de Atapuerca, el Homo antecessor evolucionaría en África hacia los Presapiens y en Europa hacia el Homo heidelbergensis, especie que está muy bien representada en la Sima de los Huesos (Atapuerca) con más de 1300 restos pertenecientes al menos a 32 individuos de ambos sexos con edades comprendidas entre los 13 y los 30 años.

El Homo heidelbergensis, que evolucionaría hacia el Homo neanderthalensis u Hombre de Neandertal hace entre 400.000 y 300.000 años, logró importantes procesos en la evolución humana como el dominio del fuego, la preservación de los cadáveres, la aparición de un arte y un lenguaje básicos, la elaboración de ornamentos para vestir, la producción de lanzas de madera, etc. Por lo tanto, los caracteres que definen a la humanidad moderna ya estaban prefigurados hace unos 300.000 años y fueron alcanzados de forma paralela por los erectus en Asia, los presapiens en África y los heidelbergensis en Europa.

Al Homo ergaster y sus continuadores se les atribuye la industria Achelense o Modo 2, cuyos restos más antiguos proceden de Olduvay con una antigüedad de 1´6 millones de años, caracterizada por la presencia de bifaces, es decir, útiles sobre núcleo tallados total o parcialmente por las dos caras hasta obtener una forma triangular o amigdaloide. Los primeros bifaces eran muy gruesos pero poco a poco se fueron realizando más delgados con la introducción del percutor blando. Junto a los bifaces aparecen los primeros objetos retocados sobre lascas como raederas y hendedores que coexisten con los cantos trabajados más arcaicos. Los útiles achelenses muestran cierta estandarización y requieren una prolongada secuencia de gestos. A partir del Achelense medio se incorpora la técnica Levallois, que mediante la preparación del núcleo permite obtener útiles con una forma previamente determinada. En el Achelense superior se han definido en Europa occidental diversas industrias locales que no presentan utillaje bifacial: industrias clactoniense, tayaciense, evenoisiense y premusteriense.

3. Todos parientes, todos diferentes: el origen del hombre y la mujer modernos. Los primeros sapiens en el viejo mundo y el problema de los neandertales. El ser humano moderno. Las culturas del Paleolítico medio y superior. El nacimiento del arte occidental. La colonización y el poblamiento de América y Asia.

Al abordar la aparición de los sapiens en Europa, nos encontramos con una de las cuestiones más controvertidas de la paleontología. Si aceptamos la propuesta del equipo de Atapuerca, el Homo antecessor, una vez que pobló Europa continuó evolucionando durante miles de años en unas condiciones de aislamiento geográfico hasta dar lugar al Homo heidelbergensis hace unos 350.000 años, el cual es considerado una forma primitiva de los neandertales, que aparecerían en Europa hace 130.000 años.

El hombre de Neandertal es uno de los tipos prehistóricos más populares. Los primeros restos se hallaron en Engis (Bélgica) en 1830. En 1848 se halló otro cráneo en Gibraltar y en 1856, nuevos restos en el valle alemán de Neander, de donde deriva su nombre. Como por esas fechas aún no se aceptaba una gran antigüedad para el origen del hombre, los restos del valle de Neander recibieron múltiples interpretaciones: se le consideró un enfermo de raquitismo, que era un idiota recluido en una cueva, incluso se dijo que era un cosaco mongol muerto en las guerras napoleónicas. Desde entonces han aparecido muchos restos por buena parte de Europa, Próximo Oriente y África, destacando yacimientos como La Chapelle aux Saints, Ferrasie y Shanidar (Irak).

Entre sus características físicas podemos citar una altura de entre 1´50 y 1´70, capacidad craneal de entre 1500 y 1700 cc, potente musculatura, cráneo voluminoso, bajo, alargado y ancho, frente huidiza, arcos supraorbitales desarrollados, apertura nasa grande y ancha y fuerte mandíbula sin mentón.

Los primeros Neandertales heredaron una constitución alta de sus predecesores africanos, pero los Neandertales “clásicos” eran más bajos y con cuerpos más rechonchos. Según Eric Trinkaus, en los climas más fríos se necesita un núcleo corporal grueso para retener la temperatura y una superficie relativamente pequeña por donde perderla, de forma similar a como sucede actualmente con los hinuit. Su ancha nariz les dotaría de mayor superficie nasal interna con la que humedecer el aire helado y seco que respiraban. El desarrollo de los Neandertales se produjo en el Paleolítico medio, básicamente en la primera mitad de la glaciación Würm, caracterizada por un clima bastante riguroso. En su dieta cobró importancia el consumo de carne aunque los productos vegetales siguieron teniendo un peso importante. Los restos de animales descubiertos en los yacimientos musterienses denotan una cierta especialización en la caza de determinadas especies. En el ámbito de las creencias, los Neandertales son los primeros seres humanos que presentan un culto claro al más allá, como atestiguan diversas inhumaciones preparadas cuidadosamente. Destacan ejemplos como Shanidar, donde se documentó un enterramiento con restos de polen de, al menos, ocho especies de flores. En Ferrasie se documentaron seis sepulturas, de las cuales cuatro sólo contenían restos de niños, incluso de un feto; lo que demuestra que los Neandertales hacían extensivo el ritual de enterramiento a toda la población, incluso a los nonatos. También son frecuentes las ofrendas de animales y los restos de polvo de ocre (que representa la vida). Algunos autores hablan de un posible culto al cráneo e incluso se apunta a un discutido culto al oso. Por lo que respecta a la cultura material, los Neandertales se asocian con el Musteriense o Modo 3, caracterizado por útiles fundamentalmente sobre lascas como raederas, puntas, raspadores, cuchillos, denticulados, etc; aunque también los hay sobre lámina y sobre núcleo. Se generaliza la técnica Levallois que ya se había empezado a utilizar a finales del achelense. En el musteriense se fabrican los mismos útiles que en el achelense, pero con diferentes porcentajes, especialmente en el Índice de Raederas (IR) y en función de ello se distinguen varios grupos o fases:

Grupo I o Charentiense Índice de Raederas (88/55%)

Pocos o ningún bifaz.

Denticulares escasos.

Grupo Perrasie: técnica Levallois.

Grupo Quina: Sin técnica Levallois.

Grupo II I.R. (37/22%).

A) Musteriense típico.

Pocos cuchillos de dorso.

Pocos denticulados.

a) Con técnica Levallois.

b) Sin técnica Levallois.

B) Musteriense de tradición Achelense. Facies A.

Frecuencia más elevada de bifaces.

Cuchillos de dorso variables.

a) Con técnica Levallois.

b) Sin técnica Levallois.

Grupo III I.R. (13/3%).

C) Musteriense de tradición Achelense. Facies B.

Bifaces menores que en el anterior.

Aumento de cuchillos de dorso.

Aumento de denticulados.

a) Con técnica Levallois.

b) Sin técnica Levallois.

D) Musteriense de denticulados.

Más del 80% de denticulados.

a) Con técnica Levallois.

c) Sin técnica Levallois.

Se han propuesto diversas explicaciones para interpretar estas variaciones del musteriense. Bordes veía diferencias culturales entre las poblaciones neandertales nómadas. Binford considera que son debidos a una distinta funcionalidad. Mellars propone que se deben a diferencias cronológicas. Rolland las explica por causas extraculturales, como la disponibilidad de materia, el tipo de hábitat, etc. Freeman indica que no existen tales facies.

Los neandertales se extinguieron hace 20.000 años y su desaparición tiene bastantes interrogantes. Tradicionalmente se creía que habían sido sustituidos en un proceso sorprendentemente rápido por los sapiens, debido a la superioridad biológica y cultural de éstos últimos, una mayor exposición a las enfermedades y un descenso en la natalidad. ¿Qué pudo ocasionar la expansión de los sapiens frente a los neandertales?. Para unos, la explicación hay que buscarla en las innovaciones técnicas alcanzadas por los sapiens. Para otros, en la mejor capacidad de los sapiens para desarrollar un pensamiento abstracto y un lenguaje avanzado que favorecería una organización social más compleja y eficaz.

La aparición del hombre moderno ha sido explicada a partir de una visión eurocéntrica según la cual el Homo sapiens habría aparecido en el continente europeo hace 40.000 años. El modelo adaptado para su definición anatómica se determinó a partir de los fósiles encontrados en 1868 en el abrigo de Cromagnon en la Dordoña francesa, que aparecían asociados a la industria lítica Auriñaciense. El término Cromañón ha sido utilizado fundamentalmente como sinónimo de Homo sapiens sapiens, cuando en realidad se trata de una de las dos variedades europeas de éste, siendo la otra la de Chancelade. Hace medio millón de años, los homo comenzaron a adoptar unos rasgos ligeramente más modernos y a desarrollar una versión arcaica de nuestra especie. Eran más robustos, con caras más grandes, barbillas menos pronunciadas y arcos supraorbitales prominentes.

Uno de los problemas a los que nos enfrentamos para analizar la aparición de los sapiens es la escasez de fósiles existente en África en el intervalo de hace 500.000 a 200.000 años. Uno de los mejores ejemplares del período es el Homo rodesiensis, que presenta una capacidad craneal de 1300 cc y 1´80 de altura. Otros restos de presapiens con una antigüedad de entre 400.000 y 200.000 años proceden de Indut (Tanzania), Bodo (Etiopía) y Turkana (Kenya), aparte de los encontrados en el área de Sudáfrica como un enorme fémur en Namibia que pudo pertenecer a un hombre de casi 2 m de altura.

Las áridas condiciones medioambientales que padeció África hace 190.000 años pudieron empujar a los humanos hacia zonas aisladas con suficiente agua para subsistir y de éste cambio climático se pudieron derivar diversas modificaciones anatómicas y culturales que cristalizarían en la aparición del Homo sapiens sapiens.

Los avances en los métodos de datación y excavación, el hallazgo de nuevos fósiles y las adaptaciones de la genética han alejado el origen del hombre moderno de Europa, a la vez que presentan a África como la candidata más firme para localizar su aparición entre hace 100.000 y 200.000 años. En varios yacimientos africanos se han documentado fósiles de humanos anatómicamente modernos con fechas antiguas. De la cuenca del Omo (Etiopía) procede un cráneo datado en 130.000 años y en la desembocadura del río Klasies, en Sudáfrica, hay fósiles de sapiens de 100.000 años, aunque los restos más sorprendentes proceden de Laugebaan, también en Sudáfrica, donde se han documentado tres huellas de sapiens con una antigüedad de 117.000 años.

En 2003 se dieron a conocer tres cráneos procedentes del yacimiento de Herto (Etiopía), datados en 160.000 años, que a pesar de presentar diferencias con nuestra morfología craneal corresponden a una capacidad de 1450 cc. Estos restos corresponden al Homo sapiens idaltu.

En la actualidad existen varias teorías que intentan explicar el origen del hombre moderno:

La primera fue propuesta por Stringer y Andrews en 1888 y es llamada Out of Africa, o también conocida como el Arca de Noé y el Jardín del Edén, que concibe la aparición del hombre moderno como un acontecimiento único sucedido hace entre 200.000 y 100.000 años y muy probablemente localizado en África. De esta única población ancestral derivarían todas las poblaciones modernas mediante procesos de evolución y dispersión. Estos antepasados africanos se desplazarían al Viejo Mundo reemplazando en varias oleadas migratorias a las poblaciones autóctonas (neandertales en Europa y erectus en Asia). Las investigaciones genéticas dirigidas por Allan Wilson en la Universidad de Berkley, basadas en el análisis del ADN mitocondrial parecen confirmar esta teoría, al llegar a la conclusión de que los hombres modernos derivan de una primera mujer que habría vivido en África oriental hace unos 150.000 años y que es conocida como “Eva mitocondrial”. El ADN se transmite tan sólo por vía femenina, ya que las mitocondrias del esperma masculino no sobreviven a la fertilización. El ADN mitocondrial conserva un registro de la familia que sólo se ha alterado a través de generaciones por mutación que se producen a un ritmo constante, que es conocido. Wilson y su equipo analizaron el ADN mitocondial de 146 mujeres de todo el mundo y descubrieron que el África subsahariano demostraba las mayores variaciones, lo que implica que su ADN mitocondrial es el más antiguo, pues se ha tenido un lapso mayor de tiempo para mutar. La hipótesis de esta Eva africana debe ser contrastada, pues muchos paleoantropólogos no aceptan la aplicación de este tipo de estudios a la Paleoantropología. Por otro lado el esquema del Arca de Noé se aplica con cierta dificultad en zonas de Asia y sobre todo Oceanía, donde los fósiles parecen presentar una cierta continuidad morfológica.

La segunda fue defendida por Wolpoff y Thorne y es llamada la teoría de la Evolución multirregional o la teoría del Candelabro. Consideran que el Homo erectus o un Homo sapiens arcaico habría abandonado África hace al menos 300.000 años y habría evolucionado independientemente en la mayor parte del planeta, conservando características regionales distintas. Esto implica que la misma nueva especie de sapiens apareció en múltiples lugares de forma independiente. Esta teoría presenta el inconveniente de que no es compatible con los datos genéticos y además supone una evolución gradual autóctona de los sapiens arcaicos que habrían conocido las mismas mutaciones y habrían adquirido los mismos caracteres morfológicos de forma paralela, lo cual desde el punto de vista probabilístico es difícil de mantener. La polémica sigue abierta como muestra un hallazgo dado a conocer en 2001: se trata de restos de sapiens encontrados en el lago Mungo (Australia) con una antigüedad de 60.000 años, el los que tras haberse analizado el ADN, parece que no guarda relación con los antepasados humanos procedentes de África que se han encontrado en otras partes del mundo, lo que en opinión de Thorne significa que al menos una población de humanos evolucionó fuera de África a partir de erectus asiáticos.

La tercera fue defendida por Brauer y Trinkaus, que han sugerido una nueva explicación situada entre las dos anteriores, llamada Evolución reticulada o hibridación. Acepta un origen único y reciente del hombre moderno, pero esta hipótesis destaca el papel de las migraciones y los mestizajes (flujo genético).

Características físicas y culturales de los sapiens. El ser humano moderno.

Entre los caracteres físicos del Homo sapiens están la capacidad craneal de entre 1400 y 1500 cc, la frente alta, arcos supraorbitales poco marcados, pómulos salientes, hueso de la nariz más largo, mandíbula robusta y mentón macizo y prominente.

El Homo sapiens no sólo supone una innovación desde el punto de vista anatómico sino también desde el cultural, ya que con él se produce un considerable cambio en diversos aspectos como:

- El progreso tecnológico, con la sustitución de la talla de lascas a la de hojas.

- La aparición de la manufactura, realizada en nuevas materias primas cuya procedencia es en ocasiones muy lejana, lo que sugiere la existencia de contactos e intercambios comerciales.

- Las industrias líticas del Paleolítico Superior, llamadas Modo 4, se caracterizan por una mayor variedad de útiles, tipologías muy estandarizadas, aparición de útiles compuestos, un uso más racional de la piedra, empleo de técnicas de percusión y presión y progresiva reducción del tamaño de las piezas.

Las principales industrias del Paleolítico Superior son: Auriñaciense (desarrollado entre el 35.000 y 25.000 B.P.), Perigordiense (entre el 34.000 y el 22.000 B.P.), Gravetiense (entre el 28.000 y el 20.000 B.P.), Solutrense (entre el 20.000 y el 16.000 B.P.) y Magdaleniense (entre el 16.000 y el 11.000 B.P.).

- La especialización económica que conlleva una explotación del entorno cada vez más intensiva y especializada.

- Los tipos de asentamiento presentan estructuras de habitación cada vez más desarrollada.

- Se desarrolla el comportamiento religioso y el arte, fiel reflejo de su capacidad simbólica y de abstracción.

Tradicionalmente se consideraba que el arte aparecería en el Paleolítico Superior, asociado al Homo sapiens, y que, aunque es cierto que en esta época se produjo un notable florecimiento artístico, cada vez hay más evidencias de que las primera manifestaciones artísticas aparecen en el Musteriense o incluso en épocas anteriores.

En 1995 se dio a conocer una representación figurativa antropomorfa hallada en el yacimiento de Berekhat Ram, con una antigüedad de 250.000 años. En el Paleolítico Medio hay muestras de objetos con incisiones y grabados geométricos, y es probable que los Neandertales realizaran objetos de arte sobre materiales perecederos.

En Australia hay también muestras de expresiones artísticas muy antiguas, como grabados y dibujos, en algunos casos representando animales como canguros, que se podrían remontar a 60.000 años.

En cualquier caso, fue hace 35.000 años cuando se produjo la gran eclosión de las expresiones artísticas.

Existen vagas referencias al arte rupestre en los siglos XVI y XVII, pero no será hasta la segunda mitad del XIX cuando las noticias sobre hallazgos de arte paleolítico adquieran mayor notoriedad.

En 1889, Marcelino de Sautuola descubrió las famosas pinturas de Altamira, aunque durante más de 20 años de dudó de su autenticidad. A comienzos del siglo XX se supera la incredulidad inicial y se encuentran nuevas cuevas con ese tipo de representaciones. La zona franco-cantábrica concentra la mayor parte de las cuevas con pinturas rupestres mientras que las representaciones de arte mueble se extiende desde Europa occidental a Siberia. La autentificación y datación de estas representaciones se ha llevado a cabo a través de distintos métodos o factores:

- Presencia en las representaciones de animales extinguidos.

- Muchas cuevas quedaron selladas tras la ocupación paleolítica.

- Hay estratos arqueológicos que cubren total o parcialmente pinturas rupestres.

- Algunas pinturas están cubiertas por formaciones estalagmíticas.

- Hay bloques decorados desprendidos del techo e incrustados en niveles arqueológicos.

El Arte Mueble.

La mayor parte de este tipo de manifestaciones se fechan entre el 35.000 y el 20.000 a.C. Se pueden dividir en dos grupos: 1) las figuras de animales, signos abstractos y antropomorfos, que aparecen sobre hueso, asta y marfil y 2) las esculturas, entre las que destaca el grupo de figuras femeninas conocidas como Venus. Se trata de pequeñas figurillas, de entre 5 y 25 centímetros, que representan a mujeres desnudas con una modulación pronunciada de sus atributos femeninos (caderas y pechos), llamada esteatopigia, y el rostro apenas esbozado. Se conocen más de un centenar, entre las que podemos destacar la de Willendorf (Austria), Lespuge y Laussel (Francia) y Kostienki (Rusia). El significado de estas Venus es difícil de concretar aunque para muchos se trata de representaciones de una gran madre, protectora del grupo, favorecedora de la fecundidad y de la fertilidad.

El Arte Parietal o Rupestre.

Aunque probablemente en el Paleolítico se emplearon como soporte para dibujo trozos de piel y de madera, sólo han llegado hasta nosotros las pinturas y grabados realizados sobre las paredes de las cuevas, donde las condiciones de temperatura y humedad son idóneas para su conservación. La pintura se realizaba con colorantes minerales (óxido de hierro para los pigmentos rojos y carbón o manganeso para el negro). En la mayor parte de los casos se limitaba al dibujo del contorno aunque en ocasiones se rellenaba el interior mediante tintas planas, bicromía o policromía. El colorante podía ser aplicado en seco con aerógrafos, espátulas o con las manos; o bien mezclado con aglutinantes como la sangre o la grasa. La temática es fundamentalmente animalística aunque no faltan los signos; lo que si es escaso es la figura humana. Las imágenes de animales corresponden a un reducido número de especies; la mayor parte de ellas, potenciales piezas de caza. En torno al 90% de las figuras se distribuye entre caballos, bóvidos, ciervos, mamuts, cabras y renos. También aparecen rinocerontes, jabalís, liebres, uros, osos, felinos e incluso focas, peces y pingüinos. Parece que el “bestiario” en los primeros momentos (hace unos 30.000 años) era más amplio, pero hace unos 25.000 años es centró en una mitología basada en el caballo y el bisonte. Las representaciones antropomorfas no incluyen caras o cabezas, las cuales son sustituidas por máscaras de aspecto animal, por lo que podría tratarse de cazadores camuflados o de hechiceros. También son frecuentes las representaciones de manos (en positivo o negativo) y signos que en ocasiones podrían tratarse de esquematizaciones de objetos reales como cabañas y órganos genitales. Una de las cuestiones más debatidas en torno al arte paleolítico es su posible significado. Entre las primeras explicaciones se encuentra la teoría del “arte por el arte”, según la cual la abundancia de recursos permitió a los cazadores paleolíticos disponer de más tiempo para el ocio, que aplicaban en la producción artística. Pronto, esta explicación fue rechazada por autores como Reinach y Breuil, que defendían este arte como integrante de ritos mágico-religiosos. Según ellos, en la base de este arte hay un notable conocimiento de las costumbres animales. La caza es una preocupación para estos grupos humanos y para cazar con éxito son necesarios ritos que se realizan al ejecutar esas pinturas en las que la fidelidad del animal representado es importante. Estos ritos se basarían en la magia homeopática, según la cual lo semejante produce lo semejante, es decir, para obtener un determinado objeto o fin hay que simularlo o imitarlo. Una vez realizadas las pinturas, éstas cuevas quedarían como santuarios para ritos de iniciación e invocación a la fertilidad y la fecundidad.

Desde mediados del siglo XX se han desarrollado diversas interpretaciones que parten de un análisis intrínseco del arte paleolítico. Autores como Leroi-Gourham y Laming Emperaire entienden que las cuevas constituyen un contexto unitario donde el reparto de los temas no es casual, ya que responde a un esquema de santuario, que debe entenderse dentro de un complejo sistema de mitos y creencias. Estos autores, tras apreciar que los caballos y los bisontes son los animales más representados y aparecen muchas veces asociados, señalan que estos animales son signos que representan dos principios contrapuestos pero complementarios: lo masculino y lo femenino. Los signos también se agruparían en estas dos categorías sexuales. Las cuevas constituirían santuarios intergrupales coherentemente organizados para propiciar la fertilidad, representar mitos de origen, además de cumplir una función de cohesionador social.

Investigadores como Clottes y Lewis-Williams ponen en duda la interpretación binaria anterior, ante la imposibilidad de averiguar si las representaciones son contemporáneas. Por lo tanto, esa propuesta sólo sería válida a partir de la realización de las últimas pinturas de una cueva. Clottes y Lewis-Williams aportan nuevas interpretaciones a partir de sus investigaciones sobre pueblos primitivos actuales, llegando a la conclusión de que algunas representaciones podrían estar vinculadas a alucinaciones de chamanes. Quizá los estudios realizados hasta la fecha han partido de un error de base, que es el considerar que se están analizando formas artísticas, cuando en realidad se trata de la expresión de un lenguaje que emplea la plástica como vehículo. Es decir, que su finalidad es transmitir un mensaje.

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